La libertad, la justicia y la igualdad, han sido anheladas a través
de todos los tiempos, sin embargo, solo una parte de la humanidad,
ha tomado conciencia de que éstas no se lograrán si todos y cada uno
de los seres humanos, o al menos la mayoràa, no cambiamos la
mentalidad egoàsta, competitiva, temerosa, apática, violenta,
fantasiosa, avara, despilfarradora y en fin esa actitud visceral
que caracteriza a buena parte de los seres humanos, y que es la
principal causa de los problemas que ha enfrentado y enfrenta la
humanidad. La costumbre de mirar el error ajeno e ignorar los
propios, de querer cambiar a los demás, o pedirle a los otros
que cambien, sin revisar objetivamente nuestra propia actitud, ha
sido y es uno de los principales escollos para que ocurra un
cambio profundo desde el punto de vista económico, polàtico y
social, en el paàs y en el mundo. Lo tradicional ha sido la
comodidad de esperar un Mesàas que como por arte de magia, cambie
la situación del paàs o del mundo. De esta manera, muchas
generaciones se han ido, muchas personas han envejecido y
muerto, sin haber VISTO y aún más, sin haber CONTRIBUIDO realmente con
un cambio favorable que alcance a toda la humanidad o al menos a
las mayoràas, y han dejado a sus descendientes, un mundo lleno de
injusticias y de confusión.